Zaragoza turbia. El libro

Lo que nació como un proyecto creativo sin más pretensiones que las de experimentar con la imaginación, las ideas, los lugares, personas y, sobre todo, las palabras, dejó de ser un proyecto y cristalizó en un hecho. En este caso, gracias a la buena gente de Pregunta Ediciones, en un libro con todas las de la ley.

Es común en todo acto creativo, o al menos ese es mi caso, que las obras traten de tomar su propio camino en oposición o desacuerdo al sendero que su creador lleva en mente, ya sea como trasunto o como intención bien planificada. Zaragoza turbia no es una excepción a este hecho.

Todo empezó como una idea peregrina, sin más pretensiones que las de ocupar mi creatividad; digamos que fue un reto que me impuse en una de esas épocas en las que la pereza y la procrastinación nos diluyen. Renqueante, se puso a andar y fue ganando impulso, calidad, cuerpo, no sin algunos tropezones. Tanto es así que, en algún momento, aquella idea desatinada, experimento, chifladura, comenzó a ser consciente de su propia calidad y presencia, e insufló en la mente del autor la idea, todavía más descabellada de ir más allá de su esencia virtual.

Y así fue. Lo virtual se hizo palpable. La tinta sustituyó a los bytes; ceros y unos se trasmutaron en palabras, papel, color.

Son todos los que están, pero no están todos los que son. He mutilado el blog. Los cuentos que aparecen como (fragmento) son aquellos que aparecen en el libro. Los otros, los que no pudieron ir más allá, ya sea por formato, por argumento, porque quizá su calidad no pasase el filtro del autor, siguen intactos… abiertos a vuestra crítica. Y claro hay más, unos cuantos  que solo los vais a poder encontrar en el libro. Siempre hay que dejar un resquicio al misterio.

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