El hombre largo (Fragmento)

No es la primera ni será la última vez que escucho hablar del “hombre largo” en Zaragoza. Escondido dentro de un imaginario popular limitado y excéntrico, determinado sin duda por su propia cautela, sigue haciendo de las suyas sin causar demasiado estrago; el ser se limita a divertirse, jugueteando con el desastre, tanteando la frontera de lo fatal con una rutina de esporádicos sucesos. Hay un eco de burla en su actitud, mezcla de discreción y exhibicionismo; burla en la forma que tiene de mostrase y actuar en público sin miedo, en la manera de especular con nuestro temor, dejando como firma un residuo de maldad incompleta, maldad sin finalizar, residuo que tiene implícita una posible completitud: terrible completitud si se llevara a cabo. Sí, el suyo es un menosprecio cruel, diría yo, dado que el objeto de su constante obsesión son los niños.

El Hombre Largo

Le llamo hombre largo porque así fue como lo apodó el primer niño con el que pude hablar…


Siempre me ha fascinado la mitología popular que crea eso que se llaman leyendas urbanas. En este caso, es esa que juega con el personaje de Slenderman la que trajo el relato a mis dedos.

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